CHAU MARIO
He escrito tantas veces de tí (1, 2, 3...), que ante tu repentina muerte, cualquier cosa que escriba me va a parecer mediocre, te va a ser inmerecida. Hagámoslo breve, pues.
Hoy me toca despedirte, como recientemente a Pepe o a Mikel. Y en lo sucesivo me tocará recordarte, como a Federico, como a Miguel, como a Víctor...Tantos, y tan buenos, que han dado un sentido emancipador a la cultura, tantas veces condenada a ser un mero objeto contemplativo.
No es fácil resumir una obra tan grande, no solo por lo extensa, sino por el alcance de su influencia, en lo ético, en lo estético, y siguiendo el silogismo de Valverde, en lo político.
El talento de tu poesía, tu prosa, y tu teatro ha sido reconocido ampliamente, pese a nadar contracorriente por su contenido descaradamente zurdo, liberador, digámoslo claro, revolucionario.
Con un lenguaje universal como el de pocos y pocas, has conseguido emocionar hablando de un beso, de una cárcel, de la soledad, de Dios (si fuera mujer), del fuego mudo, de táctica y estrategia...Y lo mejor, sin llegar a los excesos de otros tantos de intentar convencer al convencido, ni de ningunear al incrédulo.
Tampoco se que poema poner para despedirte. De entre tus inventarios, me recorren la mente miles, pero tal vez, éste sea el más adecuado. En todo caso, es una de tus definiciones de la vida y la muerte. Chau Mario.
El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente
Usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación llora
limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica
Usted ama
se transfigura
y ama por una eternidad
tan provisoria
que hasta el orgullo
se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros
Usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que
al fin el mundo es esto
en su mejor momento
una nostalgia
en su peor momento
un desamparo
y siempre, siempre
un lío
Entonces
usted muere.

